Día mundial de los pobres, Cena solidaria, 16 noviembre, 19:30

Día mundial de los pobres, Cena solidaria, 16 noviembre, 19:30
Klikatu irudian informazino gehiago jasoteko

domingo, 26 de abril de 2015

Batu eta Banatu Abdelaziz, Djedi eta Saidekin


Abdelaziz, Djedi y Said, tres jóvenes que se han jugado la vida en el largo y peligroso viaje entre sus países de origen, en África, y Europa, en busca de un futuro mejor, renunciando incluso a la cercanía de sus familias, son sólo un ejemplo de las miles de personas que tratan de cruzar fronteras y que no todos consiguen, como sucedió la semana pasada, en la que 700 inmigrantes fallecieron en el Mediterráneo, al hundirse la barcaza en la que trataban de alcanzar las costas italianas. Y es que se lo juegan todo. En los bajos de un camión o en patera.



Si difícil es el trayecto, no lo es menos su vida una vez que llegan al Primer Mundo, ‘el de las oportunidades’. Así nos lo contaron los tres chicos, que ahora tienen 21, 22 y 20 años, en la celebración del pasado 25 de abril en la parroquia de Igorre, en la que, arropados por el párroco de Etxebarri, José Alberto, recibieron el calor y apoyo de los fieles de la localidad arratiarra, quienes, además de escucharles, contribuyeron a que su día a día sea algo más llevadero con la aportación de alimentos no perecederos.

Tras visionar el montaje ‘Contra la indiferencia’, un resumen de la travesía que muchos de ellos recorren, José Alberto, agradecido por las ofrendas, “fruto del compromiso y la generosidad”, explicó cómo comenzó su tarea en la Fundación Harribide, integrada por asociaciones de Etxebarri y el Ayuntamiento de este municipio, entre otras agrupaciones, que atiende a estos jóvenes. “Un día, desde otra asociación, me propusieron acoger a un chico para que pudiera tener permiso penitenciario. Salió bien y, con voluntarios de la parroquia, nos propusimos echar una mano a jóvenes inmigrantes, ya que llegan sin nada”, comentó el religioso, que en la actualidad vive en un piso con uno de los chicos y una mujer senegalesa con sus hijos de 2 y 4 años.
“Sentir que alguien te escucha”
La Fundación, que dispone de otros cuatro pisos de acogida, tutelado por educadores y voluntarios, además de un albergue que se abre en invierno, para que las personas sin techo puedan pasar la noche, reconoce que muchas veces, lo más importante, no es ofrecer cobijo, sino “sentir que alguien te escucha”. Con la impotencia de no poder hacer más ni ayudar a todo el que lo pide, José Alberto dejó claro que se dedican a esta labor “porque somos cristianos y nos tenemos que ayudar los unos a los otros”.
Abdelaziz consiguió pisar suelo europeo tras 15 intentos, con 17 años, en los bajos de un camión. En la actualidad, tras estudiar  un grado medio de soldadura y realizar prácticas, está a la espera de que le ofrezcan trabajo. “He echado currículums y hecho una entrevista, pero como no tengo permiso de trabajo, no puedo trabajar”, relató a los presentes. “Para conseguirlo, necesito una oferta de un año, pero ahora, con la crisis –lamentó-, está más difícil".

“Queremos trabajar”
Siete meses pasaron hasta que Djedy pudo subirse a una patera, tras abandonar Guinea-Conakri y atravesar otros países africanos como Malí. “Estuve 4 días en el mar, sin beber ni comer. Llegamos 78 personas a Tenerife en muy mal estado y desde que salí de casa, con 17 años –ahora tiene 22-, no he visto a mi madre. Suelo hablar con ella y le digo que estoy bien para que no se preocupe”.  Este joven, que está en periodo de prácticas habló en nombre de sus compañeros y el suyo propio para reclamar que lo que quieren es trabajar, “no vivir de las ayudas”.
Said tuvo más suerte y logró llegar a Algeciras desde Marruecos en su primer intento,  escondido también en los bajos de un camión. “Salí de mi país porque no había qué hacer. Ahora estoy estudiando un grado medio y tengo muchas ganas de trabajar y poder ver a mi familia”, comentó el más joven de los 3, que acaba de cumplir 20 años.

Tanto las familias de la catequesis de Igorre, como muchos feligreses, pusieron su granito de arena y depositaron tanto el sábado como a lo largo de la semana en la que se difundió la campaña ‘Batu eta banatu. Todo en común’, una gran cantidad de productos no perecederos que, como afirmó José Alberto, “nos ayudarán a alargar el presupuesto” y contribuirán a favorecer la inclusión de los jóvenes extranjeros no acompañados.
Crónica y fotos: Mari Carmen Valiente Sánchez


Publicar un comentario