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domingo, 13 de mayo de 2018

San Michel Garikoitz, la fuerza del Sagrado Corazón

El 14 de mayo se recuerda el fallecimiento de este religioso natural de Ibarre (Behe-Nafarroa), fundador de la orden de los Padres betharramitas, un artículo de Beñat Oyhénart, en DEIA. Euskal abadeen zaindaria, maiatzaren 13an ospatzen dogu bere jaia Bizkaian.


IBARRE, en Behe-Nafarroa, está formado por varias casas alrededor de una pequeña iglesia. Otras viviendas, aisladas, cuelgan de la pendiente de la montaña; entre ellas, Garakotxea, (la casa en lo alto), da su nombre a los Garicoits. La propiedad no tiene más que tres hectáreas de tierra rocosa, en pendiente, en una esquina del bosque.

En 1796, Arnaud Garikoitz y Gratianne Etcheberry, ambos de Ibarre, se casan; es el tiempo de la Revolución Francesa: nada de celebraciones religiosas en el pueblo. Van al sur de los Pirineos y reciben la bendición de un sacerdote católico.

Michel nace el 15 de abril de 1797. Seis meses después es bautizado a escondidas. ¡El niño no es un santo! Con cuatro años le lanza una piedra a una mujer porque creía que le había hecho daño a su madre. Con cinco años le roba unas agujas a un vendedor ambulante. Pero su madre le vigila: "Sin ella, yo me habría convertido en un malvado", diría él. Una tarde de invierno, frente al fuego, ella le enseña: "Hijo mío, ¡Dios echa a los niños con pecado mortal a un fuego terrible!" La lección refleja el rigor jansenista de la época.

En Ibarre, Michel va a la escuela. Dotado, estudioso, ya agotaba la sabiduría del profesor. No abandona los libros ni la idea de estudiar para ser sacerdote. Cuando habla de ello, su madre le dice: "Nosotros somos muy pobres", y su padre: "Si eres razonable; deja ese sueño a un lado, tenemos que vivir del fruto de nuestro trabajo".

Ganar unos pocos escudos se convierte en necesidad. En 1809, con 12 años, entra como criado en Oneix, a 25 kilómetros de Ibarre. La señora de la casa le dice: "¿Has hecho la Primera Comunión?" El jansenismo de su madre se lo había impedido en Ibarre; el cura de Garris, del que depende Oneix, no se apresura. El fervor del joven pastor es visible. En éxtasis descubre a Dios fundido en caridad. Esta visión le marca para siempre. El 9 de junio de 1811 hace la Primera Comunión en Garris.

"QUIERO SER SACERDOTE"

Michel vuelve a Ibarre. Pero no por mucho tiempo. Sin descanso, les insiste a sus padres: "Yo quiero ser sacerdote". Su abuela por parte de madre, y madrina suya, suplica: "Michel está dotado para los estudios; hay escuelas gratuitas; el cura de Saint-Palais puede ayudarnos".

Michel debe trabajar para poder estudiar: en casa del cura de Saint-Palais, para el secretario del obispo en Baiona… Con 19 años, en Aire-sur-Adour, con una beca, se consagra a los estudios. Entre 1819 y 1821 está en el seminario de Dax. Termina sus estudios de Teología en Larressore siendo ya profesor. Por fin, se ordena sacerdote el 20 de diciembre de 1823.

En Cambo, es vicario de un cura medio paralítico durante casi dos años. Su entrega es absoluta: "santo padre" le llamaban ya entonces. Con los jóvenes parroquianos a los que él mismo anima, descubre la devoción al Sagrado Corazón. A finales de 1825 deja el País Vasco: el obispo le envía a la otra punta de la diócesis, en el extremo del Bearn, a Bétharram.

Allí, ayuda a un sacerdote anciano a dirigir el gran seminario; después, él le sucede. Pero el obispo manda a los seminaristas a Baiona. En 1833, Michel se queda solo en el santuario mariano. Habla poco la lengua local. ¿Qué futuro le espera? Desde su llegada a Bearn, va a Igon, a 4 kilómetros, a visitar a las Hijas de la Cruz. Allí se encuentran dos religiosas vascas, las dos jóvenes de Cambo que le iniciaron en la devoción al Sagrado Corazón. Sorprendido de verlas tan contentas, a pesar de la pobreza del convento, descubre a su fundadora, Jeanne-Elisabeth Bichier des Âges, y la vida religiosa.

Una congregación

El ejemplo de esta comunidad religiosa y su preocupación de ver sacerdotes devotos, obedientes al obispo, le inspiran la idea de la creación de una congregación. Las Hijas de la Cruz le animan. Un retrato ignaciano en Toulouse y el consejo de su antiguo obispo le abren el camino. A los pies del altar de Nuestra Señora de Bétharram, en lo más profundo de sí mismo, se ve confirmado en su destino, animado a llevarlo a cabo.

En 1835, el obispo de Baiona autoriza a los sacerdotes a unirse a él. Así nace una nueva congregación. En 1838 se produce un cambio de obispo: Monseñor Lacroix ve con buenos ojos una sociedad de sacerdotes pero dependiente solo de él, mientras que Michel Garikoitz piensa en una verdadera congregación, capaz de elegir a su superior. Cuando el primero quiere sacerdotes auxiliares, el otro desea auxiliares del Sagrado Corazón: finalmente, se establece la Sociedad de sacerdotes auxiliares del Sagrado Corazón. Como el obispo permanece en el puesto cuarenta años, la ambigüedad se mantiene hasta la muerte de Michel Garikoitz.

Siguiendo un modo de vida que recuerde a Ignacio de Loyola y a la Compañía de Jesús, Garikoitz empuja a los suyos a contemplar al Dios que nos ama a través de Jesús, el Verbo hecho carne que se rebaja hasta morir en la cruz para salvarnos; Jesús que nos atrae hacia el amor divino; Jesús el modelo que nos enseña cómo amar; Jesús el medio que nos permite alcanzar el amor de Dios. Viendo este espectáculo, los religiosos de Bétharram se consagran a los deseos por imitar a un Jesús abatido y obediente para compartir con los demás esa felicidad que les embarga. El Sagrado Corazón, para él, es el hijo de Dios que dice "Aquí estoy" al Padre y cumple su voluntad por amor.

Rápidamente, los hermanos no ordenados quieren compartir la misma vocación y la misma misión: Michel Garikoitz les acoge con alegría, con afecto. No dependen de la autoridad del obispo: sin duda su presencia hizo posible la existencia misma de la Congregación tras la muerte del fundador (14 de mayo de 1863).

Mantener los votos Cuando al fallecer Michel Garikoitz, monseñor Lacroix pretendía eliminar la obligación de los votos, los hermanos estuvieron al lado de los sacerdotes. Todos le suplicaron: "Nosotros amamos estos lazos con los que nuestro Padre nos ha atado. Dígnese a dejarnos que los mantengamos. Le serviremos más fielmente y más generosamente aún".

Finalmente, el obispo cede.

Las visiones de una joven de Galilea, carmelita en Pau, apoyan el trabajo empedernido del padre Auguste Etchécopar (oriundo de Saint-Palais), discípulo querido y segundo sucesor de Garikoitz. Monseñor Lacroix permite que se lleve a Roma la Regla de la pequeña congregación. En 1875, Pío IX firma el primer reconocimiento. En 1878 León XIII permite que una comunidad se instale en Belén. Para entonces, con la emigración de vascos a América, Michel Garikoitz ha enviado a algunos de los suyos a Argentina (1856) y a Uruguay (1861). Más tarde sería Paraguay (1904) y Brasil (1935). En 1903, debido a la hostilidad de los diputados franceses a las congregaciones, pasan el Bidasoa para ir a Irun y Hondarribia; después, en 1904, cruzan los Alpes para ir a Italia y el Canal de La Mancha para alcanzar Inglaterra. A Belén, se le unen Nazareth (1910) y Jordania (2008). Por petición de Pío XI, los misioneros van a China; treinta años después, en 1951, Mao les obliga a marcharse a Tailandia, y, más tarde, jóvenes de ese país se convierten en religiosos del Sagrado Corazón de Jesús. La expansión llega también al África negra: Costa de Marfil (1959), Centroáfrica (1986). Hacia 1990 llegan peticiones de la India, gracias, especialmente, a las Siervas de María de Anglet; trabajo del Espíritu Santo: ¡Nacen vocaciones incluso donde la Congregación no está presente! La Congregación del Sagrado Corazón de Jesús de Bétharram "no existe en la Iglesia, ni para enseñar en las escuelas, ni para predicar en las parroquias, ni para partir en misiones. Nace porque un día un sacerdote vasco, Michel Garikoitz, se dejó transformar por una cierta cara de Dios. Porque este apasionado de Dios se sintió empujado a decir, a gritar, este Nombre y esta Cara a los jóvenes, a los adultos, a los pobres de su tiempo. Después vinieron discípulos que han continuado uniéndose para decir y gritar, durante toda su vida, ese mismo amor y esa misma cara en cada lugar donde han implantado sus comunidades -apostólicas, misioneras, de enseñanza- en cada época en la que han vivido" (P. Mateo, superior provincial, en 1976).

las claves

Beñat Oyhénart

Saint-Palais, 1947. Pertenece a la Orden de Bétharram. Ha sido misionero en Costa de Marfil, así como sacerdote en Ibarre. Ha escrito un libro de oraciones basándose en textos de Garikoitz y en la actualidad está preparando una pequeña biografía del santo de Ibarre.
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