Jesús Martínez
Gordo
(Teólogo)
Conviene
hacer un alto en el camino para mirar lo andado durante estos primeros meses del
2019 y, levantando la vista, otear el horizonte más inmediato al que se dirige la
Iglesia católica en los restantes. El cuatrimestre que acabamos de despedir ha
estado marcado por el drama de la pederastia eclesial, por la Cumbre de
presidentes de las Conferencias Episcopales de todo el mundo en Roma (21-24
febrero) y por el discurso final del Papa. No le han faltado críticas, cierto que,
con muy diferente fundamento, por haber contextualizado esta tragedia en el
marco de una plaga mundial silenciada y particularmente presente en las
relaciones de proximidad; por haber culpado de ella a Satanás, tirando balones
fuera; por no haber propuesto medidas concretas; por no haber dado más protagonismo
a las víctimas y por no haber atajado el clericalismo, la causa más radical de
tan deleznable comportamiento.