Hala ere... Lourdes Iriondo & Xabier Lete

viernes, 30 de agosto de 2019

Soledad no deseada y sufrida

1. A pesar de estar en periodo estival-vacacional, donde se busca que los problemas se alejen o desaparezcan, queremos abordar esta realidad, cada vez más frecuente. La problemática es más amplia, pues afecta a todas las edades, y compleja, pues son diversas las dimensiones personales que atañe, pero queremos centrarnos en lo que sucede con las personas mayores, escribe el colectivo Etiker.



Nos sobresaltamos cuando los medios de comunicación informan sobre la aparición del cadáver de una persona que llevaba un tiempo muerta y descubierto no porque se investigara su desaparición, sino por el nauseabundo olor que surgía en el piso debido a su descomposición. Entonces los vecinos se lamentaban-justificaban pensando que se habría ido a vivir con algún familiar, u otros con la expresión “no hay que meterse donde a uno no le llaman”. No estamos hablando solo de personas marginadas, sino de otras con buena relación en su familia y ambiente pero, por distintas circunstancias de la vida, enfrentadas a la soledad.

Es un problema que se agrava progresivamente. Se expande de las grandes ciudades a las medianas y, poco a poco, llega a todos los lugares, causando grandes sufrimientos personales, inquietudes convivenciales y preocupaciones en los gestores públicos que deben hacer frente a esta problemática. Afecta, principal pero no exclusivamente, a las personas mayores que parecen asumirla con resignación, como si hubieran de acostumbrarse a esta situación y no ser un estorbo o carga pesada para sus familiares más cercanos. Sin embargo, es falso, pues hemos sido creados para la convivencia y un fracaso en ésta lleva a la depresión, lo cual es caldo de cultivo para la idea del suicidio.
2.“Vivir solo” y “sentirse solo” son experiencias diferentes, que no se deben equiparar. Hemos nacido para convivir, aunque es necesario tener momentos de soledad, en los que nos encontramos con nuestra propia realidad, sin que ello signifique ruptura de lazos con los demás, que es lo que significa la segunda expresión. Vivimos en sociedades donde se han incrementado mucho los medios técnicos de ponerse en comunicación con otras personas, sin embargo, el uso social de esta tecnología defrauda, según expresión de jóvenes técnicos en la materia. Sentirse solo no es únicamente cuestión de personas que no conocen o disponen de estos aparatos, sino a causa de una sociedad individualizada y competitiva donde los otros nos incomodan.

Desde los principios del individualismo pragmatista fomentado, cada uno es valorado por la riqueza que es capaz de generar o por el dinero que está dispuesto a gastar. Si no se puede participar en ello, el ambiente social tiende a prescindir de esta persona, generándole una cierta frustración sobre el sentido de su existencia y un apartamiento de la relación con los demás. Es la cultura de la indiferencia, que crece a pasos agigantados.

3.El ser humano, a cualquier edad, está necesitado de apoyos emocionales, que venzan la soledad, siendo el más básico la amistad que va adoptando diversas formas según la realidad existencial. Se dice desde muy antiguo que un amigo verdadero es el mayor tesoro que uno puede tener. Por ello, resulta decisivo fomentar el sentido de la convivencia humana y la cultura del encuentro, que es más que la simple coexistencia;caminar juntos en mutuo apoyo existencial, primero en la familia para expandirse hacia los vecinos y otras personas. Sobre todo en la medida que se van cumpliendo años y se reducen por pura ley natural los lazos familiares.

La mejor atención se da normalmente en la propia familia, en la que los hijos -en justa reciprocidad- atienden con todo el cariño posible a sus mayores u otras personas dependientes. Se logra si tenemos presente no nuestra comodidad, sino a toda su persona y no solo su problema, pues en cada una la razón última de su soledad es distinta y no valen fórmulas genéricas.

¿Nos atrevemos a generar mentalidad (sentir, pensar y actuar) para una sociedad armonizada generacionalmente que posibilite la buena integración de todos, sin que nadie sea anónimo y acabe muriendo en soledad? Los servicios sociales, públicos o de organizaciones sin ánimo de lucro (como Nagusilan), juegan un papel decisivo para apoyar la estancia de estas personas necesitadas en su propio entorno o, si no es posible, en otro adecuado como pueden ser las residencias de mayores, bien organizadas y no simples “aparcaderos” de quienes ya no sirven.
Estamos volcados a lamentarnos ante las tragedias que nos muestran los Medios de Comunicación Social, aunque bastantes de los más jóvenes no se enteren porque sus medios de comunicación no se hacen eco de ellas, pero somos indiferentes a las que se dan a nuestro lado. ¿Será que también hemos caído en que lo que no sale en la tele no existe?

Esta dolorosa realidad de la soledad no deseada es una llamada a cada uno para poner nuestro pequeño esfuerzo al servicio de acompañar a quienes tenemos junto a nosotros (familia, vecinos, amigos... ) de manera que nadie deba pasar por ese trance de “estar solo, aunque viva rodeado de gente”.

No hay comentarios: