domingo, 14 de junio de 2015

Concejales y alcaldes: Joxe Arregi

Areatza: alkate eta zinegotziak 1919
No me importa de qué partidos sois y ojalá que tampoco os importe a vosotros en vuestra práctica de gobierno. No quisimos escoger un papel con una lista completa y cerrada, elaborada no sabemos dónde y por quién. El sistema nos obligó. No quisimos escoger militantes de un partido, sino hombres y mujeres del pueblo, gente de la calle, vecinos y vecinas de barrio. 


Me dirijo a vosotras, a vosotros, concejales de nuestros pueblos y ciudades. Representáis lo mejor de la política, si es que este término encaja aún con vosotros. Si así fuera, representáis sin duda la mejor política, la más alejada de los despachos oficiales, la más ajena a encuestas y estrategias, a ideologías de poder. Sois la política a pie de calle, al servicio de la gente. La política humana, la política con alma y sensibilidad, con espíritu y entrañas, con inteligencia y compasión, que no son dos cosas, sino una y la misma. Sois la política en su versión más libre y generosa. Y sois también la mayoría aplastante de los políticos, si podemos contaros entre ellos. A pesar de ello -justamente por ello, habría que decir más bien-, no ocupáis primeras planas ni titulares. ¿Pero de qué nos hablan entonces las primeras planas y los titulares? ¿Y a quién sirven los políticos, los que hicieron de la política su oficio?

Dejadnos, pues, expresaros nuestra gratitud, concejalas y concejales de nuestros municipios. Y permitid que os pidamos con el corazón en la mano: seguid siendo lo que sois, lo que vuestro nombre indica. “Concejal” viene del latín concilium, que en su origen significaba una asamblea ciudadana encargada de administrar los asuntos de todos. Y tiene la misma raíz que “conciliar” y “reconciliar”. ¡Cuánto nos enseñan las palabras, si dejamos que nos hablen en su intención originaria, antes de haberlas prostituido y manipulado, como sucede tanto en los foros políticos, corrompiendo así el lenguaje y la política. Os llamáis también “ediles”, que viene del latín aedes, casa. Así se llamaban en la antigua Roma los encargados de cuidar los templos y las casas públicas. Pues eso: cuidad de nuestras casas, cuidad de nuestra casa común, y de que todos tengan una casa. Cuidad de hacer de nuestros pueblos y ciudades templos llenos de aliento vital, de calma y bienestar para todos. 

Ateneos a vuestro nombre, a vuestro ser más verdadero. Sed conciliadores allí donde haya divergencias, que siempre las habrá. Sed reconciliadores allí donde haya conflictos, que serán inevitables. No obedezcáis a las consignas de las cúpulas, no sirváis a los intereses de los grandes. No caigáis en la tentación de la política como profesión, de la política como carrera, que sabemos a dónde conduce, ante quién acaba postrándose, a quién acaba sirviendo, cómo acaban ignorándonos y despreciándonos a la inmensa mayoría. 

Y vosotros, alcaldes y alcaldesas recién nombradas, recibid nuestra felicitación. Y nuestra gratitud sincera, sobre todo vosotros, alcaldes y alcaldesas de nuestros pueblos pequeños, y vosotras, alcaldesas y alcaldes de las grandes ciudades que os habéis bajado el sueldo. Y dejadnos también recordaros vuestro deber y compromiso. O simplemente vuestro nombre: viene, como sabéis, del árabe alqadí, “juez”. Juez es el que hace justicia. Haced, pues, justicia en todo aquello que esté en vuestra mano. No miréis a las cúpulas que os designaron, sino a los ciudadanos que os eligieron. No miréis arriba, mirad abajo, a los de más abajo. Sed justos y haced justicia. 



¿Qué es justicia? Es que todos -¡todos!- tengan una casa y vivan con dignidad. Que todos coman. Que nadie robe y tenga demasiado. Que nadie deba rebuscar de noche en el contenedor de la basura. Que los derechos humanos no dependan del color de la piel ni de unos papeles. Justicia es resistir a los dictámenes y dictados de los grandes poderes, a los que se someten demasiado los grandes partidos, con sus querellas sin fin, con sus ambiciones sin medida. Justicia es el máximo bien común posible de todos los seres. Justicia es creer que puede haber justicia y paz en el mundo. Pero solo la habrá empezando desde abajo, y aportando cada día nuestro granito.

Me dirijo a vosotros, concejales de nuestros pueblos y ciudades: sois la política a pie de calle. No miréis arriba, mirad abajo, a los de más abajo y sed justos
 
 
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