Argiaren Jaia Bermeo 26

jueves, 22 de enero de 2026

Documento final sinodal para no iniciados

 


Si fuéramos anglosajones este artículo se titularía Documento final sinodal pata dummies.  Si tuviéramos sentido del humor Documento final sinodal para torpes. Si fuéramos vendedores El documento final sinodal en dos folios. El autor, Javi Oñate, más académico le ha llamado:

PROPUESTA SOBRE LA LECTURA DEL DOCUMENTO FINAL SINODAL. Diócesis de Bilbao. 2026.

Por   Javier Oñate

Según lo que indica el calendario del proceso sinodal, las iglesias locales (diócesis) nos encontramos en un “itinerario de implementación”, es decir de puesta en marcha, del DOCUMENTO FINAL del Sínodo (DF). Es un itinerario que comprende desde junio de 2025 hasta diciembre de 2026.

 

En nuestra diócesis el itinerario de implementación comenzó (en noviembre de 2025) con la preparación de una dinámica de `grupos sinodales´, cuyo objetivo es que conozcamos el DF e ir concretando temas a profundizar. Sin duda es un primer paso importante con la muy considerable pretensión de que señale direcciones y objetivos para el futuro de nuestra iglesia diocesanaComo fácilmente se comprende estamos ante un momento importante de escucha mutua que tendrá consecuencias en el futuro.

Ya se van concretando los grupos y sus facilitadores. También sabemos cuál es la pregunta: ¿QUÉ ELEMENTOS DEL DOCUMENTO FINAL SINODAL TE HAN PARECIDO MÁS NOVEDOSOS Y TE DAN ESPERANZA, ILUSIONA, SUGIERE, MOTIVA? La metodología de las reuniones será la “conversación en el Espíritu” en torno al contenido fundamental de este itinerario que es, no lo olvidemos, el DOCUMENTO FINAL.

Además de su versión impresa, el Documento Final se ha puesto a disposición de todos en la página web de la diócesis: “El DF extenso siempre está disponible”. De todos modos, lo que se ha presentado en la formación de los facilitadores, y se está difundiendo, es una “guía de lectura – resumen breve de contenidos”, de menos de 10 páginas que, precisamente por el modo en que se ha extractado, resulta para muchas personas difícil de entender y de captar en su alcance real.

Es verdad que en la presentación de la guía de lectura se dice, nuevamente, que no tiene la pretensión de sustituir al Documento Final y “por eso animamos a todas las personas que quieran profundizar a que lean directamente el Documento Final”. Sin embargo, ni siquiera se han incluido en la guía los números de los párrafos originales para localizarlos y así poder ampliar, contrastar y profundizar.

 Por otra parte, llama la atención la inclusión de algunos objetivos propuestos en el VI PDE con la intención de “evidenciar su apuesta sinodal y la necesidad de fortalecer algunas de sus líneas de acción y profundizar en ellas”. ¿Acaso no habrá a su tiempo, y con una metodología específica, una evaluación del VI PDE y de su realización? ¿No es un añadido que confunde más que aporta? ¿Es una justificación de que “vamos por buen camino”? ¿Y si esperásemos a hacernos todos, o muchos, una idea íntegra de las propuestas del DF?

En el guión para los facilitadores se plantea como `mínimo´ una sesión de dos horas. ¿Es esto proporcional al objetivo anteriormente declarado? ¿Será por la realidad limitada de nuestras comunidades? Dado que es algo mínimo, ¿podría entenderse que eso es lo que se espera de aquellas personas que no pretendan profundizar? Estará pensado, seguramente, para quienes se queden con la `guía de lectura’. ¿No resultará un `cumplir´, pero pasando por encima de los temas? ¿Y si, en el grupo sinodal concreto, hay diversidad de personas y de recorridos? ¿No se podía haber diseñado otro camino con adaptaciones diversas a elección de sus destinatarios? ¿No falta una difusión más prolongada en el tiempo, acompañada de recursos audiovisuales, infográficos, boletines informativos y motivadores de entrega periódica, encuentros clarificadores, por zonas, para quienes lo deseen…?

Toda selección parte siempre de una determinada visión. Esto es aplicable a todos y a cada uno de nosotros. Pero es preocupante que una herramienta sinodal tan importante como el Documento Final se ofrezca en estas condiciones. Y mucho más cuando se propone que los resultados de los grupos sinodales sean la materia prima para próximos períodos de la implementación, y en los que suponemos que se citará como argumento de autoridad lo que se dijo cuando se hizo la pregunta que nos ocupa. Pero ya sabemos cómo se van haciendo las cosas.

Siguiendo con mi propia visión, contrastada con otros, propongo ahora algunos párrafos del DF que no quedan recogidos, o no lo suficientemente claros, en la guía de lectura. Los cito textualmente y con el número de párrafo correspondiente. Por mi parte, contrastada, los veo como elementos del Documento Final que parecen novedosos, esperanzadores y motivadores para nuestra Iglesia diocesana, para nosotros.

Javier Oñate

  *

Ahora el camino continúa en las Iglesias locales y sus agrupaciones, valorando y teniendo muy en cuenta el Documento final, que fue votado y aprobado por la Asamblea en todas sus partes el 26 de octubre. Yo también lo aprobé y, firmándolo, encargué su publicación, uniéndome al «nosotros» de la Asamblea que, a través del Documento final, se dirige al santo Pueblo fiel de Dios. Papa Francisco. 24 de noviembre de 2024.

Párrafos del Documento Final que resulta necesario añadir a la guía de lectura para identificarlos suficientemente. Los transcribo textualmente con indicación del número correspondiente para facilitar su consulta, si se desea.

28 En su variedad, todas estas formas [sinodales] están unidas por el hecho de reunirse para dialogar, discernir y decidir. Gracias a la experiencia de los últimos años, el significado de estos términos se ha comprendido mejor y se ha vivido aún más. Se han asociado cada vez más al deseo de una Iglesia más cercana a las personas y más relacional, que sea hogar y familia de Dios.

33 La sinodalidad ofrece “el marco interpretativo más adecuado para comprender el propio ministerio jerárquico” y sitúa en la justa perspectiva el mandato que Cristo confía, en el Espíritu Santo, a los pastores. Por ello, invita a toda la Iglesia, incluidos los que ejercen la autoridad, a la conversión y a la reforma.

42 La pluralidad de religiones y culturas, la variedad de tradiciones espirituales y teológicas, la variedad de los dones del Espíritu y de las tareas de la comunidad, así como la diversidad de edad, sexo y pertenencia social dentro de la Iglesia, son una invitación a que cada uno reconozca y asuma su propia parcialidad, renunciando a la pretensión de ser el centro y abriéndose a acoger otras perspectivas. Cada uno es portador de una contribución peculiar e indispensable para completar la obra común.

50 El deseo de relaciones más auténticas y significativas no sólo expresa la aspiración a pertenecer a un grupo cohesionado, sino que corresponde a una profunda conciencia de fe: la calidad evangélica de las relaciones comunitarias es decisiva para el testimonio que el Pueblo de Dios está llamado a dar en la historia.

70 El del obispo es un servicio en, con y para la comunidad, realizado a través de la proclamación de la Palabra, la presidencia de la celebración de la Eucaristía y de los demás sacramentos. Por ello, la Asamblea sinodal desea que el Pueblo de Dios tenga más voz en la elección de los obispos.

75 En respuesta a las necesidades de la comunidad y de la misión, a lo largo de su historia la Iglesia ha dado origen a ciertos ministerios, distintos de los ordenados. Estos ministerios son la forma que toman los carismas cuando son reconocidos públicamente por la comunidad y por los responsables de guiarla, y se ponen de manera estable al servicio de la misión.

76 A estos los acompañan ministerios no instituidos ritualmente, pero ejercidos con estabilidad por mandato de la autoridad competente, como, por ejemplo, el ministerio de coordinar una pequeña comunidad eclesial, dirigir la oración comunitaria, organizar acciones caritativas, etc., que admiten una gran variedad según las características de la comunidad local.

82 El discernimiento eclesial no es una técnica organizativa, sino una práctica espiritual que hay que vivir en la fe. Requiere libertad interior, humildad, oración, confianza mutua, apertura a la novedad y abandono a la voluntad de Dios. No es nunca la afirmación de un punto de vista personal o de grupo, ni se resuelve en la simple suma de opiniones individuales; cada uno, hablando según su conciencia, está abierto a escuchar lo que los demás comparten en conciencia, para buscar juntos reconocer “lo que el Espíritu dice a las Iglesias”. Previendo la contribución de todas las personas implicadas, el discernimiento eclesial es a la vez condición y expresión privilegiada de la sinodalidad, en la que se viven juntos comunión, misión y participación. El discernimiento es tanto más rico cuanto más se escucha a todos.

84 Las etapas del discernimiento eclesial pueden articularse de diferentes maneras, según los lugares y las tradiciones. También sobre la base de la experiencia sinodal, es posible identificar algunos elementos clave que no deberían faltar:

 a) la presentación clara del objeto de discernimiento y el suministro de información e instrumentos adecuados para su comprensión; b) un tiempo adecuado para prepararse con la oración, la escucha de la Palabra de Dios y la reflexión sobre el tema; c) una disposición interior de libertad con respecto a los propios intereses, personales y de grupo, y un compromiso con la búsqueda del bien común d) una escucha respetuosa y profunda de las palabras del otro; e) la búsqueda del consenso más amplio posible, que surgirá a través de aquello que más hace arder los sin ocultar los conflictos y sin buscar compromisos que lo rebajen; f) la formulación, por parte de quienes dirigen el proceso, del consenso alcanzado y su presentación a todos los participantes, para que puedan expresar si se reconocen o no en él.

A partir del discernimiento madurará la decisión adecuada que compromete la adhesión de todos, incluso cuando la opinión de uno no haya sido aceptada, y un tiempo de recepción en la comunidad que podrá llevar a verificaciones y evaluaciones posteriores.

91 Hay casos en los que la legislación vigente ya prescribe que la autoridad está obligada a consultar antes de tomar una decisión. La autoridad pastoral tiene el deber de escuchar a quienes participan en la consulta y, por consiguiente, no puede actuar como si no los hubiera escuchado. No se apartará, por tanto, del fruto de la consulta, cuando esté de acuerdo, sin una razón que prevalezca y que debe ser convenientemente expresada. Como en toda comunidad que vive según la justicia, en la Iglesia el ejercicio de la autoridad no consiste en la imposición de una voluntad arbitraria.

92 En una Iglesia sinodal, la competencia del obispo, del Colegio episcopal y del Obispo de Roma en la toma de decisiones es irrenunciable, ya que hunde sus raíces en la estructura jerárquica de la Iglesia establecida por Cristo al servicio de la unidad y del respeto de la legítima diversidad. Sin embargo, no es incondicional: no se puede ignorar una orientación que surge en el proceso consultivo como resultado de un correcto discernimiento, sobre todo si es llevado a cabo por los órganos de participación. Una oposición entre consulta y deliberación es, por tanto, inadecuada: en la Iglesia, la deliberación tiene lugar con la ayuda de todos, nunca sin la autoridad pastoral, que decide en virtud de su oficio. Por eso, la fórmula recurrente en el Código de derecho canónico, que habla de un “voto sólo consultivo”, debe ser reexaminada para eliminar posibles ambigüedades.

94 Sin cambios concretos a corto plazo, la visión de una Iglesia sinodal no será creíble y esto alejará a los miembros del Pueblo de Dios que han sacado fuerza y esperanza del camino sinodal. Corresponde a las Iglesias locales encontrar modalidades adecuadas para poner en práctica estos cambios.

99 Si la Iglesia sinodal quiere ser acogedora, la rendición de cuentas debe convertirse en una práctica habitual a todos los niveles. Sin embargo, quienes ocupan puestos de autoridad tienen una mayor responsabilidad a este respecto y están llamados a rendir cuentas a Dios y a su Pueblo

104 Una Iglesia sinodal se basa en la existencia, eficiencia y vitalidad efectiva, y no meramente nominal, de estos órganos de participación, así como en su funcionamiento conforme a las disposiciones canónicas o a la costumbre legítima, y en el cumplimiento de los estatutos y reglamentos que los rigen. Por esta razón, deberían ser obligatorios, como se requiere en todas las etapas del proceso sinodal, y poder desempeñar plenamente su papel, no de manera puramente formal, sino de forma adecuada a los diferentes contextos locales.

108 La Asamblea propone que se valoricen más el sínodo diocesano y la asamblea eparquial como instancias para una consulta periódica por parte del obispo de la porción del Pueblo de Dios que le ha sido confiada, como lugar de escucha, oración y discernimiento, especialmente cuando se trata de opciones relevantes para la vida y la misión de una Iglesia local.

117 Una de las principales articulaciones de la Iglesia local que nos ha legado la historia es la parroquia. La comunidad parroquial, que se reúne en la celebración de la Eucaristía, es un lugar privilegiado de relaciones, acogida, discernimiento y misión. Los cambios en la concepción y en la forma de vivir la relación con el territorio obligan a reconsiderar su configuración… En muchas regiones del mundo, las pequeñas comunidades cristianas o comunidades eclesiales de base son el terreno en el que pueden florecer intensas relaciones de proximidad y reciprocidad, ofreciendo la oportunidad de vivir concretamente la sinodalidad.

 

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