Abenduko profetak

domingo, 30 de noviembre de 2025

Consulta para vicario o "vicaria". Aires nuevos en nuestra vicaria


Foto: Céline Ruffieux, representante del arzobispo ("vicaria") de Lausana-Ginebra y Friburgo (Suiza)

Ante la consulta para nuevo vicario y ante los pocos curas en  activo en nuestra vicaria, nos planteamos si no es posible un cambio de paradigma, como ya se conoce en otras diócesis europeas.

Los laicos “representantes” -e, incluso, “vicarios”- del obispo  


El 25 mayo de 2021 el arzobispo de Lausana – Ginebra y Friburgo (Suiza), monseñor Charles Morerod, comunicaba que los vicarios episcopales iban a ser reemplazados por “representantes laicos del obispo” y que las vicarías territoriales se cambiaban por los de “regiones diocesanas” (o “zonas pastorales”) . 


                                                      Charles Morerod

La clave que presidía tan novedosa y sorprendente decisión era que los presbíteros pudieran desempeñar la tarea -indudablemente pastoral- que les era, y seguía siendo, más propia. La atención a ello le llevaba a dar más importancia a la presencia de los ministros ordenados en las zonas pastorales que a ocuparse de las urgencias organizativas. Sobre todo, como venía ocurriendo desde hacía tiempo, empezaba a ser indiscutible que había unos territorios pastorales que languidecían, mientras que otros presentaban una admirable vitalidad: “espero -dijo el arzobispo- que los sacerdotes puedan desplegar su propio papel desarrollando tareas pastorales en lugar de ser asignados a tareas organizativas”.

 La ubicación de los efectivos presbiterales en las zonas pastorales llevaba a promover a laicos y laicas a responsabilidades organizativas, gubernativas y pastorales, desempeñadas en exclusiva, hasta entonces, por los ministros ordenados. 

Entendía que, procediendo de esta manera, estaba desarrollando una positiva colaboración del laicado, ya existente en las diócesis desde hacía algún tiempo. En concreto, indicaba, “dar responsabilidades a los laicos” supone que tales laicos también pueden participar (con los presbíteros) tanto en la coordinación pastoral cantonal como en las tareas transversales que “afectan a todos los aspectos de la vida de la Iglesia”; algo -apuntaba- que no restaba ni un ápice de valor a las tareas -sacramentales y pastorales- que son propias de los presbíteros.




Seguidamente, explicaba la razón del cambio de “vicarías” por “territorios pastorales”. “Para hablar de vicaría, debe haber un vicario”. Y éstos, para muchos, solo pueden ser ministros ordenados. Si se quiere sortear esa dificultad, más allá de lo discutible que pueda ser tal argumento, no queda más remedio que recurrir a otra palabra o expresión más apropiada: de ahí el cambio de vicario por el de “representante del obispo” y de vicaría por el de “territorio o zona pastoral”. Son en estas últimas donde los “representantes del obispo” gestionan los asuntos pastorales del lugar, a la vez que los van discerniendo con el prelado, a nivel diocesano. A estos bautizados compete, igualmente, representar a la diócesis tanto ante las autoridades del Estado y las corporaciones eclesiásticas, u otras Iglesias y religiones, como gestionar todo lo referido a las capellanías en los hospitales o en las prisiones.

Obviamente -proseguía mons. Charles Morerod- hay que elegir a personas que conozcan bien las situaciones con las que van a tener que lidiar. Y, por supuesto, es importante que la elección contemple algo de la diversidad carismática y ministerial existente en la diócesis. El cuidado de estos criterios explica la diversidad de perfiles que presentan las tres personas elegidas en esta primera ocasión: una mujer laica, un hombre laico y un diácono. Es cierto que Dios nos creó a todos a su imagen y semejanza, pero no idénticos. Por tanto, el nombramiento de estas personas no es solo debido a la falta de presbíteros, sino también una excelente ocasión para experimentar la riqueza que brota de acoger que no todos veamos la realidad desde el mismo ángulo. La diversidad de este equipo ayuda a comprender la vida de la Iglesia. 

Creo necesario informar -señalaba seguidamente el prelado- que estos laicos -y otros que se nombren en el futuro- al ser representantes míos, participan de mi autoridad como obispo. Además, creo necesario indicar, igualmente, que he consultado esta decisión en la Congregación para el Clero en el Vaticano donde se interesaron, sobre todo, por “cuestiones terminológicas”. Tenían un particular interés en que no se diera la impresión de que solo estábamos sustituyendo a un vicario episcopal sacerdotal por un vicario episcopal laico. Debíamos evitar crear confusiones que también pudieran resonar en otros lugares. La nominación de estos laicos como “representantes del obispo” obedece a que he tenido en cuenta la indicación facilitada, así como a la necesidad de superar el clericalismo que nos invade.

Cuando, en mayo de 2021, tuve noticia de esta decisión apunto por mi cuenta- me pareció que se estaba superando la teología y la legislación canónica según la cual solo los ministros ordenados podían ser vicarios o participar del poder de gobierno en la Iglesia; algo posible gracias al Papa Francisco. Igualmente, me pareció que se empezaba a implementar  ¡por fin¡ la “realeza” bautismal de los cristianos que -reconocida y proclamada en el Vaticano II (LG 13)- estaba, desde entonces, bloqueada o, si se prefiere, durmiendo el sueño de los justos. Y, además, no solo permitía afrontar el problema de la escasez de presbíteros, sino también el de la existencia de ministros ordenados “entreguistas” allí donde no fuera posible su recuperación. Y, lo superaba, insuflando esperanza e ilusión. 

Pero eso, siendo mucho, no es todo, El 5 de octubre de 2025 hubo una rueda de prensa en una oficina del obispado de Friburgo con la presencia de tres laicos “representantes o delegados del obispo” y del mismo arzobispo, Charles Morerod, en la que, entre otros puntos, se ofreció una evaluación de los años en los que los laicos habían estado participando en la gestión eclesial al más alto nivel. El trabajo realizado, informó Charles Morerod, ha sido “excelente”, a pesar de que “todavía estamos en un período de rodaje”; algo que, por otra parte, no impide reconocer que se “están vislumbrando muchos aspectos positivos”. 

Ahora toca renovar la encomienda, en concreto, en la región francófona de Friburgo ya que Céline Ruffieux, representante del obispo hasta octubre de 2024 va a trabajar -a partir de ahora- en la prevención de abusos. Por eso, va a ser sustituida por Aurelia Dénervaud-Pellizzari, hasta a hora, asistente de Céline Ruffieux.

Por su parte, prosiguió el arzobispo Morerod, los “ex vicarios” se encuentran “felices” con la encomienda pastoral recibida en su día: “Están satisfechos con lo que han hecho, y yo estoy realmente contento”. Es cierto, continuó, que el cambio realizado está logrando “una aprobación bastante alta” tanto entre unos como entre otros, lo cual no quiere decir que no esté llevando su tiempo acostumbrarse. En todo caso, señala, seguidamente, también en el Vaticano se han nombrado laicos, a menudo mujeres, para puestos de liderazgo en los últimos años. 

“Por tanto, prosiguió Philippe Becquart, no estamos ante algo completamente nuevo, sino ante un movimiento general dentro de la Iglesia” que está consistiendo en un desplazamiento del centro de gravedad “del sacerdocio al bautismo”, algo que no siempre es fácil de asumir por la gente; en particular para aquellos que están acostumbrados  “a la idea de un sacerdote en cada pueblo” y a la cercanía resultante. Sin embargo, ha llegado la hora de que todos los bautizados se den cuenta de que “ellos mismos constituyen la Iglesia” y de que la asunción de responsabilidades por parte de los bautizados “muestra una imagen más completa de la Iglesia”.




Por supuesto, comentó Aurelia Dénervaud-Pellizzari, lo que se está haciendo no es una “revolución”, sino una adaptación de “las estructuras al cambio, ante una Iglesia en transición”. Y que esto puede ser percibido por algunos como una deplorable “sustitución” de sacerdotes por agentes pastorales, considerándola “una peligrosa forma de desacralización”. 

Sin embargo -retomó la palabra mons. Morerod- no tenemos más remedio que ser conscientes de que “las reformas nunca satisfacen a todos”. Prueba de ello es que se me informó -en el transcurso de la visita “ad limina”, en el Vaticano- que había sido criticado ante el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, sobre todo, por cristianos del mundo italo-anglófono, por esta decisión. 

El Dicasterio envió un mensaje a las nunciaturas de los países en los que residían los denunciantes, encargando a los responsables de las sedes diplomáticas comunicarles la no recepción de las acusaciones formuladas y aclarar lo implementado por mons. Morerod. Es más, se le indicó que podría haber llamado “vicarios” a los laicos designados para dirigir las regiones o zonas diocesanas, facilitando una explicación. Es una decisión que no adopté porque “la explicación habría sido demasiado compleja”.

Y finalizó su aclaración indicando que la decisión tomada por él no era única. También había diócesis francesas que estaban nombrando laicos y mujeres para puestos de responsabilidad; algo, apuntó, de lo que me enteré más tarde. Esto demuestra, concluyó, que no vamos “en contra de la corriente de historia, sino todo lo contrario”.

Era evidente que mons. Morerod conocía la firme voluntad de Francisco de hacer partícipes del poder del ministerio ordenado (papal o episcopal y presbiteral) a los laicos, laicas, religiosas y religiosas, tal y como se puede aprecia en la Constitución Apostólica “Praedicate Evangelium” (2022) a la que me referiré más adelante.

He aquí un claro ejemplo de cómo salir al paso y superar el “entreguismo” (allí donde exista”) e insuflar ánimo articulando la colaboración entre ministros ordenados y laicos y acompañando y alentando con entrañas pastorales la andadura de los posibles restos parroquiales o rescoldos comunitarios. Es una doble apuesta que merece ser conocida.

Se trata, como se puede apreciar, de otra “sugerencia” sobre el ministerio ordenado que -como he indicado más arriba- abre algunas puertas a quienes -obispos y presbíteros- no están dispuestos a llorar y “entregarse” al desaliento ante la caída de las parroquias y también frente a quienes entienden que la tabla de salvación se encuentra en el retorno a la estrategia pastoral -contrarreformista- que se implementa cuando se cree -probablemente bastante desesperados- que es la única salida posible.

Extracto de un capítulo de un libro que está a punto de publicar

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