Según la tradición, Isidro fue un labrador cristiano que vivía en Madrid en el siglo XII y trabajaba para el noble Juan de Vargas. Era un hombre muy piadoso, que acudía todas las mañanas a misa y dedicaba gran parte de su tiempo a la oración; por eso, algunos días se retrasaba y empezaba tarde su trabajo.
Sus compañeros, entonces, lo denunciaron por holgazán. El dueño de las tierras quiso comprobarlo y acudió una mañana al campo para observarlo a escondidas. Cuál fue su sorpresa al ver que, mientras Isidro rezaba, los bueyes tiraban solos del arado y el trabajo del campo se realizaba milagrosamente.
Por eso se le considera patrón de los labradores y se le representa vestido como un campesino en actitud de rezar con las manos juntas. En este caso, lleva una vara y un ramito de hojas entre las manos.
La calidad de los detalles de esta la escultura se puede apreciar en la talla de las ropas y el calzado.
Fuente: Retablos monumentales de Bizkaia
Seguirá...

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