Nerea, Arantza eta Itziar, las tres son de Forua y, ante la escasez de sacerdotes que afecta a los templos rurales, llevan más de 25 años trabajando para garantizar la continuidad de la vida parroquial en el municipio.
Como ‘ospatzailes’, su labor principal consiste en dirigir la celebración de la Palabra entre dos y tres domingos al mes, además de colaborar activamente en las lecturas y cantos cuando acude el presbítero.
“Hace más de 25 años vino el vicario de parte del Obispado a pedir colaboración ante la falta futura de sacerdotes. Arantza fue la primera que comenzó con la ayuda de catequistas y jóvenes, hace 20 años se incorporó Itziar y hace 15 me sumé yo”, relata Nerea. Además de la faceta litúrgica, las tres asumen íntegramente el mantenimiento, la limpieza y la gestión cotidiana del templo de manera totalmente altruista.
Conscientes de la realidad actual, reconocen que el relevo generacional en este ámbito es complejo. No obstante, defienden con orgullo la aportación de la mujer en la Iglesia rural: “En la mayoría de las parroquias de Busturialdea somos las mujeres las que estamos de ospatzailes y llevando los templos. Está claro que la labor de las mujeres en las parroquias es primordial”.
El reconocimiento del galardón Hemendik supone para ellas una caricia al corazón y un impulso para seguir adelante. “Lo hacemos desde la fe, por nuestra parroquia, por nuestro pueblo y por los vecinos que acuden semanalmente. Queremos dedicar también este premio a todas las ospatzailes de Busturialdea que, domingo tras domingo y en silencio, hacen una gran labor”, concluyen refiriéndose al grupo de mujeres que realizan esta labor en los diferentes municipios de Busturialdea.
“Hace más de 25 años vino el vicario de parte del Obispado a pedir colaboración ante la falta futura de sacerdotes. Arantza fue la primera que comenzó con la ayuda de catequistas y jóvenes, hace 20 años se incorporó Itziar y hace 15 me sumé yo”, relata Nerea. Además de la faceta litúrgica, las tres asumen íntegramente el mantenimiento, la limpieza y la gestión cotidiana del templo de manera totalmente altruista.
Conscientes de la realidad actual, reconocen que el relevo generacional en este ámbito es complejo. No obstante, defienden con orgullo la aportación de la mujer en la Iglesia rural: “En la mayoría de las parroquias de Busturialdea somos las mujeres las que estamos de ospatzailes y llevando los templos. Está claro que la labor de las mujeres en las parroquias es primordial”.
El reconocimiento del galardón Hemendik supone para ellas una caricia al corazón y un impulso para seguir adelante. “Lo hacemos desde la fe, por nuestra parroquia, por nuestro pueblo y por los vecinos que acuden semanalmente. Queremos dedicar también este premio a todas las ospatzailes de Busturialdea que, domingo tras domingo y en silencio, hacen una gran labor”, concluyen refiriéndose al grupo de mujeres que realizan esta labor en los diferentes municipios de Busturialdea.
Escribe Eguzkiñe Salterian en DEIA

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