El de Bermeo, en el otro extremo de la provincia, no muestra envidia. Erigido como una fortaleza frente al mar es uno de los pocos camposantos de estilo marinero de Bizkaia. En sus panteones hay antiguos lobos de mar, pero también ilustres familias, escribe Leire Pérez en El correo español.
En Bermeo se ofician dos misas y dos rosarios–repiten al dedillo la misma ceremonia– el día de Todos los Santos y el de los Fieles Difuntos (el 2 de noviembre).
En Bermeo, Aintzane Mugika se encarga de cuidar el plano más espiritual, aunque de paso adorna la capilla del cementerio Mendiluz. Florista de profesión estos días está casi sin dormir preparando centros y flores como los de «una boda o una comunión». Bien grandes. «En Bermeo se tiene mucho respeto a los muertos. Si las amamas no pueden venir ya por edad vienen los nietos», afirma la bermeana.
Sin cruz
Como peculiaridad se celebran dos ceremonias «el 1 y el 2 de noviembre». Media hora antes de que se ordene la eucaristía, cada uno de los dos días, Aintzane se encarga del rezo del rosario desde hace más de una década, cuando tomó el testigo de la sacristana Maddalen. Al fallecer le pidieron los bermeanos que no se suspendiera la tradición. «Aquí la gente quiere y defiende el rosario, es una costumbre muy arraigada. Hubo un tiempo que decían de hacer la misa y la gente se negó. Las mujeres mayores siempre lo han rezado, es una costumbre antigua que desaparecerá en el futuro, pero de momento se mantiene», defiende.
La capilla se queda pequeña. No entra ni un alfiler. Y no uno, sino los dos días, a pesar de que el 2 de noviembre no es festivo. «Algún año hemos pensado que al hacer un tiempo horroroso y estar junto al acantilado, dejarían de venir, pero nada, ni con esas, estaba repleto, así que las creencias hay que respetarlas», afirma.
Cuando el templo se quemó, el Ayuntamiento costeó las obras a cambio de secularizar el lugar y poder celebrar funerales civiles. La decisión no sentó del todo mal, pero no gustó la idea de quitar la cruz. «¡Haber quién se atreve a hacerlo con todo el revuelo que se montó entonces!», defiende. «Somos conscientes de que todas estas costumbres a futuro se perderán, cuando fallezca la gente más mayor porque cada vez más se apuesta por incinerar, pero mientras haya aquí cuerpos enterrados se debe respetar la costumbre», pide.


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